Imagine

Imagina que te has ido labrando una carrera profesional con seriedad, rigor, responsabilidad, eficacia.

Imagina que por eso, tu director te ve como el adecuado/a para que seas mentor de un nuevo joven talento, de manera que aprenda de ti.

Imagina que tú te brindas en grado superlativo: le instruyes con cariño, paciencia, integridad, sensibilidad, coherencia… dotándole de sentido de visión, propósito, servicio, generosidad y empatía.

Imagina que al tiempo ese joven se marcha y, aunque la relación ya no era tan cercana por algunas conductas de él que no aprobabas, te agradece todo lo que le has regalado en esas largas sesiones.

Imagina que al cabo de unos años ese joven regresa… para ser tu jefe. Uno a uno, va despidiendo a toda la plana directiva… menos a ti.

Imagina que crees que no lo ha hecho por aprecio, por el pasado común, por lealtad, porque te necesita.

Imagina que un día te llama el CEO (ay, esa palabreja) y te anuncia que es tu último día en la Cía., y que, en común acuerdo con el joven que tú has mentorizado, no tienes más que despedirte y ya. Imagina que sientes dolor, aunque lo esperabas, y orgullo, porque lo has dado todo… pero que has perdido la confianza, esa que diste de manera diáfana, y ahora toca recomponer. Será duro, sí.

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